
Las niñas crecemos con una idea equivocada. Desde pequeñas nos cuentan que una rana, si la besas, se convierte en príncipe y además, azul… mmm… ¿Sería un Pitufo?
No lo sé. El caso es que las ranas, por más que las besemos, siguen siendo ranas. Siguen siendo seres simples que lo único que hacen es croar, ver como cae la lluvia y comer moscas. Y sin ánimo de ofender a las ranas (porque este post además no es para ellas), lo cierto es que con ese final feliz y mentiroso vamos creciendo…
Pero ¿Qué es exactamente un príncipe azul? ¿Qué es lo que se supone que lo hace tan maravilloso? Y… ¿Por qué se supone que es lo mejor que nos puede pasar en esta vida, chicas?
Qué triste crecer con este único final tan excluyente. Porque el príncipe azul es sólo un tipo de príncipe. Y príncipes hay muchos.
Porque parece ser que todo lo que no sea azul, no es tan bueno, y lo cierto es que el azul es sólo un color de entre los miles de matices y tonalidades que hay en la vida.
Y menos mal ¿no?